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 Análisis

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MensajeTema: Análisis   Vie 05 Sep 2008, 00:07

Introducción
El presente trabajo monográfico dirige su atención a un análisis de algunos temas interesantes dentro de la obra cien años de soledad de García Márquez. Estos temas son el realismo mágico, el tiempo, Macondo como un lugar maravilloso y los personajes.
Cien años de soledad es la novela más importante dentro de la literatura Latinoamericana, por este motivo mi preocupación en poder entender las motivaciones y el porque de cada hecho dentro de la historia.
La hipérbole
Uno de los recursos
estilísticos mas usado por García Márquez en esta obra es la hipérbole
o la exageración. Y para analizar posteriormente algunos fragmentos del
libro,
es necesario conocer ciertas definiciones de hipérbole. Una definición
lo toma como una visión desproporcionada de una realidad,
amplificándola o disminuyéndola, concretándose en el uso de términos
enfáticos y expresiones exageradas. Otra definición que tomaremos,
consiste en emplear palabras exageradas para expresar una idea que está
mas allá de los límites de la verosimilitud. Es bastante corriente en el habla cotidiana. Por ejemplo "hace un siglo que no te veía".
Partiendo de estas reflexiones teóricas se puede pensar que la
hipérbole es un recurso que procede de la expresión oral, recurso que
utiliza nuestro escritor como una herramienta literaria eficaz para
narrar.
Es claro que el autor de esté libro renovó la literatura a través de
uno de sus posibles componentes, la fantasía, pero también de otros
recursos lingüísticos como la hipérbole. García Márquez ha hecho una
mezcla entre lo fantástico y lo real utilizando a la hipérbole como
nexo de un modo tan perfecto que ya nadie sabe donde están las
fronteras de uno y el otro. Es el arte
hiperbólico y distorsionado lo que hacen de Macondo un lugar
fantástico, donde no cabe destruir la envoltura de su encantamiento y
contar su historia así, como algo previo a la literatura, como un rumor
legendario como se la habían contado durante muchos años las gentes
entre sí.
Algún tiempo atrás en una entrevista
García Márquez reflexionó sobre la hiperbolizacion, y dijo que "lo
mágico puede transformarse en lo real con la misma facilidad que lo
real en lo mágico (...) no hay un lugar que sea mas real, o mágico, que
otro, porque todo puede intercambiarse y todo es parte de la misma realidad total."
Por lo tanto él amplio la realidad literaria con sus mezclas y sus herramientas literarias, consiguiendo superar con creces el realismo que hasta entonces imperaba en la literatura latinoamericana.
En Macondo no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad,
Macondo es un territorio mágico, donde cualquier cosa puede pasar por
otra. Lo maravilloso convive con lo cotidiano y a través de un lenguaje evocador y preciso, es posible hacer vivir lo inverosímil. La construcción imaginaria tiene sus raíces profundas en la realidad americana.
No quiero seguir explayándome con estas reflexiones para poder
entrar ahora sí en el análisis de algunas hipérboles en Cien años de
soledad.
La primera hipérbole a analizar es la demostración que hizo Melquíades, sin duda una parodia de la ciencia. Leamos el texto:
"Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el
mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los
anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación
de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los
objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se
les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de
los fierros mágicos de Melquíades" (71-72). Es evidente que el escritor
trata, mediante el uso de estos fierros, de presentar el gran poder del
gitano al atraer todo lo metálico y encontrar las cosas perdidas. Su
poder será tal que escribirá la historia de la familia de los Buendía antes de que suceda. Quiero constatar la trascendencia del adjetivo que acompaña a "fierros". Un adjetivo que muestra
su intención: "mágicos". No son, pues, objetos que pertenezcan sólo a
la realidad verificable, sino que van más allá, de ahí su inmenso poder.
La siguiente hipérbole es: "La mulata adolescente, con sus teticas
de perra, estaba desnuda en la cama. Antes de Aureliano, esa noche,
sesenta y tres hombres habían pasado por el cuarto. De tanto ser usado,
y amasado en sudores y suspiros, el aire
de la habitación empezaba a convertirse en lodo" (128). Esta
exageración se inscribe en el hecho de la gran crueldad de la abuela de
la chica, que le obliga a prostituirse como pago a un descuido que
ocasionó el incendio de su casa. La crueldad es tal que precisa de un
número hiperbólico: sesenta y tres. Por otra parte, el hecho de que el
aire se convierta en barro es un signo de la gran actividad sexual a la
que estaba obligada la adolescente. Es importante señalar la fuerza
de la adolescente y su sumisión ante el destino. Además, el hecho de
que el personaje perverso sea una abuela amplifica la realidad
literaria, ya que no era nada corriente un personaje –la abuela- que
siempre había tenido buena fama y, desde luego, pesaba su condición de
femenino. Todo esto crea la gran barbarie. De ahí que un lector
tradicional se sorprenda.





La tercera hipérbole es un rasgo que define a José Arcadio Buendía,
el cual "conservaba su fuerza descomunal, que le permitía derribar un
caballo agarrándolo por las orejas" (76). Como él es el fundador de la familia y, además, de Macondo, tiene que poseer alguna característica propia de un héroe y la fuerza física es muy apropiada a este tipo de personajes de leyenda. Cuando José Arcadio está en plena vejez
todavía conserva esta característica: "no supo en qué momento se le
subió a las manos la fuerza juvenil con que derribaba un caballo"
(134). Parece que el tiempo no le afecta, como a cualquier héroe. Sin
embargo, cuando pierde la razón le atan a un árbol, pero para esto
"necesitaron diez hombres para tumbarlo, catorce para amarrarlo, veinte
para arrastrarlo hasta el castaño del patio" (155). Ya se sabe, el
héroe siempre es héroe y no decaen sus facultades. Incluso poco antes
de morir todavía es un personaje hiperbólico, por eso su esposa "pidió
ayuda para llevar a José Arcadio Buendía a su dormitorio. No sólo era
tan pesado como siempre, sino que en su prolongada estancia bajo el
castaño había desarrollado la facultad de aumentar de peso
voluntariamente, hasta el punto de que siete hombres no pudieron con él
y tuvieron que llevarlo a rastras a la cama" (215). Por lo tanto, la
idea que saco es que la exageración y el heroísmo van de la mano en el
caso del fundador de los Buendía. Y hay que añadir el poder sobre el
cuerpo, el subir de peso si quería. Este rasgo es extraño en un héroe,
pero en Macondo todo era factible. Por norma general, los personajes
significativos de la novela presentan rasgos hiperbólicos.
La hipérbole también define a un descendiente de José Arcadio
Buendía, del mismo nombre. En su caso recoge elementos de la literatura
popular como la escatología, que tanto impresionan a los lectores
timoratos. De él se dice que "se comía medio lechón en el almuerzo y
cuyas ventosidades marchitaban las flores". La construcción de esta
oración impresiona al lector, al mezclar lo escatológico -las
ventosidades- con lo delicado -las flores-. Esto está dentro del
quehacer literario de Márquez, el cual "no distingue desde el principio
entre lo trascendental y lo inmanente, entre lo extraordinario y lo
ordinario" (M. Palencia-Roth). Los elementos soeces los recoge nuestro
literato de la tradición literaria y le sirven para caracterizar al
personaje. Tras una larga ausencia de Macondo, José Arcadio regresa. Su
retorno trae a la memoria al héroe de Homero,
pero en el caso que nos ocupa lo paródico rompe lo heroico, aunque no
del todo. La narración del regreso es interesante: "tuvieron la
impresión de que un temblor de tierra estaba desquiciando la casa. Llegaba un hombre
descomunal. Sus espaldas cuadradas apenas si cabían por las puertas.
[...] su presencia daba la impresión trepidatoria de un sacudimiento
sísmico" (165). Parece que anuncia que va a suceder algo importante. En
su descripción
física hay elementos que no concuerdan con los de un héroe clásico:
"los brazos y el pecho completamente bordados en tatuajes crípticos"
(165). Tampoco muchas de sus costumbres corresponden a un héroe: "En el
calor
de la fiesta exhibió sobre el mostrador su masculinidad inverosímil,
enteramente tatuada con una maraña azul y roja de letreros en varios
idiomas" (168). Lo que sí le corresponde del modelo
heroico es su grandísima fuerza física, que en un principio exhibe en
un burdel, lugar nada heroico: "Catarino, que no creía en artificios de
fuerza, apostó doce pesos a que no movía el mostrador. José Arcadio lo
arrancó de su sitio, lo levantó en vilo sobre la cabeza y lo puso en la
calle. Se necesitaron once hombres para meterlo" (167). La conclusión
es que Márquez creó este personaje como contraposición a los héroes
(léase el coronel, Úrsula, etc.). En la realidad literaria existen los
contrarios, porque de lo contrario no sería completa, como en la vida
misma.

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MensajeTema: Re: Análisis   Vie 05 Sep 2008, 00:08

Otra hipérbole que interesa es la del coronel, en lo que se refiere a datos
numéricos, ya que "promovió treinta y dos levantamientos armados". En
este número hiperbólico se asienta el héroe, pero acto continuo pierde
su carácter
de tal cuando el narrador añade: "y los perdió todos". Así pues, no es
propiamente un héroe, porque desconoce la victoria. También pierde su
carácter heroico puesto que tuvo "diecisiete hijos varones de
diecisiete mujeres distintas". Ningún héroe literario se jactaría de
esta promiscuidad. Por otra parte, el destino de sus hijos no puede ser
más trágico: "fueron exterminados uno tras otro en una sola noche,
antes de que el mayor cumpliera treinta y cinco años" (179). Pero los
números muestran a un militar, mitad héroe, mitad antihéroe. Aunque no
gana batallas, es invencible personalmente: "Escapó a catorce
atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento"
(179). Y ni siquiera es herido, lo cual es bastante exagerado. En esto
es un héroe, un personaje sobrehumano. Incluso un intento de
envenenamiento lo supera: "Sobrevivió a una carga de estricnina en el café
que habría bastado para matar a un caballo" (179). Su suerte llega al
extremo de que incluso cuando se dispara a sí mismo, para salvar el
honor al haber perdido todas las guerras,
no consigue matarse: "Se disparó un solo tiro de pistola en el pecho y
el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital"
(180). Parece como si los dioses le protegieran, a pesar de que el
coronel hacía la agra sin convicciones políticas
y, como confesó, por orgullo ( aquí si es un antihéroe). Pero en esto
Márquez no sigue el modelo antiguo de héroe, el cual no se suicidaba y
luchaba por la justicia. Nuestro héroe no tiene ideales.
La siguiente hipérbole corresponde a la muerte de José Arcadio, en concreto
al olor de la pistola. Su asesinato está rodeado de una aureola de
misterio y elementos mágicos (el desconocimiento del asesino y sus
móviles, la sangre que emana de su oído
y va a avisar a Úrsula). Pero lo que aquí interesa es que un elemento
tan insignificante como el olor pueda adquirir una gran importancia. En
este punto conviene recordar una idea de Lotman, a saber, que "un texto
artístico es un significado de compleja estructura.
Todos sus elementos son elementos de significado". Pues bien, parece
que nuestro escritor quiere mostrar que cualquier cosa puede ser una
hipérbole en su universo
ficcional, hasta un olor determinado, como es el caso que comentamos:
"Tampoco fue posible quitar el penetrante olor a pólvora del cadáver"
(209). Como consecuencia de esto, los personajes caen en las siguientes
excentricidades: "Primero lo lavaron tres veces con jabón y estropajo,
después lo frotaron con sal y vinagre, luego con ceniza y limón, y por
último lo metieron en un tonel de lejía y lo dejaron reposar seis
horas" (209). Se produce tal desesperación a causa de este olor que
incluso se llega a pensar en un gran disparate: "Cuando concibieron el
recurso desesperado de sazonarlo con pimienta y comino y hojas de
laurel y hervirlo un día entero a fuego lento, ya había empezado a
descomponerse" (210). El olor parece indicar algo en el texto, de ahí
su persistencia: "Aunque en los meses siguientes reforzaron la tumba
con muros superpuestos y echaron entre ellos ceniza apelmazada, aserrín
y cal viva, el cementerio siguió oliendo a pólvora hasta muchos años
después" (210). Así pues, puede ser un indicio de algo: nos quiere
comunicar algo. Otros personajes también destacan por el olor, como es
el caso de Pilar Ternera.
No quiero terminar este breve análisis de las hipérboles sin hablar
de Melquíades, uno de los personajes importantes de la novela, hasta el
punto de que él es quien escribe la historia de la familia antes de que
acontezca. Este personaje se asemeja a un narrador omnisciente, pero su
misterio va más allá como reconocen todos los personajes. Lo más
interesante es la siguiente cita, con relación a la hipérbole: "Pero la
tribu de Melquíades, según contaron los trotamundos, había sido borrada
de la faz de la tierra por haber sobrepasado los límites del conocimiento
humano" (113). Ciertamente Melquíades está más allá de lo humano. No
olvidemos que lo hiperbólico está más allá de lo común, y lo
transgrede. Este personaje, a modo de un Dios, crea el futuro, igual
que un escritor crea un texto. Pero se diferencia del Dios y del
escritor en que, inevitablemente, muere.
Pero seria injusto sugerir que todo lo que Cien años de soledad
rinde al lector es el placer de la fábula y la invención inagotable.

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MensajeTema: Re: Análisis   Vie 05 Sep 2008, 00:08

El
libro es placentero y cristalino al nivel de su escritura, pero es también doloroso y cruel, y no solo por episodios como el de la huelga.
Porque tras la vida del coronel Aureliano Buendía, la historia de su
estirpe y la saga de Macondo, es algo en verdad trágico y horrible,
como en ese territorio de maravillas y hazañas agitadas, el Mal anidaba
como un reptil ponzoñoso y cómo, durante un centenar de años, los
Buendía intentaron vencer las fuerzas demoníacas que los acosaban, sin
conseguirlos.
Cien años de soledad es la versión latinoamericana de la eterna tragedia humana, esa lucha que el Ángel libra con el demonio.
El tiempo
El relato adopta una apariencia virtualmente lineal, apenas hay
una moderada retrospección en las primeras cien páginas cuyo eje es el
momento en que "años después, el coronel Aureliano Buendía enfrenta el
pelotón de fusilamiento", escena que débilmente despista al lector
porque el coronel no muere en esa ocasión. Pero en realidad el tiempo
de la novela no es sucesivo o cronológico, sino cerrado. El presente,
el pasado y el futuro pueden ser narrados en un tiempo a cualquier
tiempo por el narrador, porque el objetivo narrar cada uno. Por eso, el tiempo en Cien años de soledad es circular. La novela tiene una declaración asustante que se desarrolla y explica de manera lógica, que ninguna otra explicación puede ser posible. La manipulación del tiempo y creación de un sistema total no permite la medida de tiempo en una concepción lineal.
El pasado se repite en el presente y el futuro es previsible porque,
de alguna manera, ya ocurrió. El tiempo no existe en Macondo, está
congelado.
Ursula es el personaje que tiene la mas clara conciencia de vivir en una dimensión intemporal, propia de los sueños: cuando José Arcadio Segundo concibe el loco proyecto de establecer un sistema de navegación, el comentario de Ursula es " ya esto me lo se de memoria".
Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al
principio (como la historia de la humanidad, quien comete los mismos
errores una y otra vez). En otra ocasión, cuando Aureliano Triste
expone su plan
para instalar un ferrocarril " que era descendiente directo de los
esquemas con que José Arcadio Buendía ilustró el proyecto de la agra
solar Ursula confirmó que el tiempo estaba dando vueltas en redondo"
La acción concentra la espesa historia de Macondo en un tiempo
inmóvil, donde mil cosas pasan y mil cosas vuelven, y sostiene la
presencia de varios protagonistas, que se alternan en el primer plano y
el trasfondo temporal, sin perder en ningún momento la tensión
narrativa. Ese en uno de los prodigios de la novela, la manera cómo el
autor ah enlazado las fastuosas aventuras de sus múltiples personajes
sin dejarse un respiro y, a la vez, sin hacerles perder su
individualidad.
La violencia
Del mismo modo que durante un decenio largo el drama de Colombia radicó en el permanente estado
de violencia, del mismo modo lo plantea García Márquez en Cien años de
soledad. El país vive en estado de violencia permanente, ya sea
declarada, ya sea enterrado, amenazante, y es normal que sea el
sustrato anímico que alimente su narrativa.
La violencia puede admitir variadas explicaciones posibles. Pero en cambio, tiende a concentrarse en uno solo: la violencia política.
Por eso en la obra que en esta obra es concomitante de la opresión
política, aunque una y otra están como interiormente desmesurada de su
irrupción primera, sino que se han revestido de un carácter
institucional, hasta componer un tejido diario de las vidas humanas.
Los personajes se sorprenden cuando adquieren conciencia bruscamente da
autoconciencia de esa situación en que existen.
Por ejemplo en la página 93 de cien años de soledad esto se puede
advertir en el siguiente fragmento: "cuatro soldados al mando suyo
arrebataron a su familia una mujer
que había sido mordida por un perro rabioso y la mataron a culatazos en
plena calle. Un domingo, dos semanas después de la ocupación Aureliano
entró en la casa de Gerineldo Márquez y cos su parsimonia habitual
pidió una tazón de café sin azúcar. Cuando quedaron solos en la cocina, Aureliano imprimió a su voz una autoridad que nunca se le había conocido. "Prepara los muchachos" dijo. "Nos vamos a la guerra". Gerineldo Márquez no lo creyó.
-¿Con qué armas?- preguntó.
-con la de ellos- contesto Aureliano.
El martes a la medianoche, en una operación descabellada, veintiún
hombres menores de treinta años al mando de Aureliano Buendía, armados
con cuchillos de mesa y hierros afilados, tomaron la por sorpresa
guarnición, se apoderaron de las armas y fusilaron en el patio al
capitán y los cuatros soldados que habían asesinado a la mujer".
La violencia y la opresión estan siempre pesando, y se han integrado
a la vida como condición humana y desde entonces operan una sutil
transformación de los hombres. Y García Márquez plasma de una manera
estupenda la relación que hay entre la estructura político-social de un
determinado país y el comportamiento de sus personajes.
En esta novela los hombres están condicionados por el medio social
en que se han desarrollados, en una inextricable interacción que les
permite reconocer su efecto perjudicial cuando se llega al extremo de
distorsión violenta, y por lo tanto de reaccionar con la misma fuerza,
pero que por lo común les dirige en su comportamiento sin que tomen
nítida conciencia de la significación oscura de sus actos.
Los tres pecados de los Buendía
El primero es el pecado original que hay en los Buendía, el
fundador del pueblo, está casado con su prima Ursula Iguarán, y desde
el primer de su matrimonio
viven espantados ante la posibilidad de engendrar un hijo con cola de
cerdo: " ya existía un precedente tremendo. Una tía de Ursula, casada
con un Tío de José Arcadio Buendía, tuvo un hijo que paso toda la vida
con unos pantalones englobados y flojos, y que murió después de haber
vivido cuarenta y dos años en el puro estado de la virginidad, porque
nació y creció con una cola cartilaginosa en forma de tirabuzón y con
una escobilla de pelos en la punta".
Cuando todos pensaban que lo de tener hijos con cola de cerdo no es
mas que una vulgar creencia, el hijo con cola de cerdo nace: es el
último Aureliano, que muere comido por las hormigas, poniendo fin a los
Buendía, pues eran una estirpe condenada, y con ellos el pueblo.
El segundo pecado es el incesto, hay relaciones incestuosas
realizadas y potenciales, que unen a hermanos, tias y hasta bisnietos
que con parientes anteriores en tres generaciones: Arcadio desea a su
propia madre; la sombría y temible Amaranta tendrá confusas relaciones
con Aureliano José, su sobrino carnal, y con otro José Arcadio,
bisnieto de un hermano suyo; Finalmente el penúltimo Aureliano engendra
en su tía Amaranta Ursula, al Aureliano monstruoso que los venía
esperando desde hace 100 años.
Y el tercer pecado, pero el mas característico de esta familia es la
soledad. Los varones, casi sin excepción, son marcados con el signo de
la soledad. Por ejemplo, el Coronel Aureliano Buendía, llora en el
vientre de su madre, lo que para ella es una incapacidad para el amor. Su adolescencia
lo hizo tranquilo y solitario, y el siempre toma refugio en estar solo,
y para entretener su soledad emprende la agra, pero pronto
comprenderá que ese no es el remedio para acabar con este pecado.
Cuando regresa un día a casa, da instrucciones estrictas que nadie,
incluyendo su madre, puede acercarse a él a menos de diez pies. Cuando
se sienta en un cuarto, un circulo lo aísla de los otros. En su
incapacidad para amar, se empuja mas y mas a la soledad que, para el es
como la muerte. Es tan miserable en su soledad que trata de matarse, pero su destino no es la muerte sino que el aislamiento.
La vida de los gemelos, Aureliano y José Arcadio IV Segundo, que la
soledad no solo es un estado de sofocación social, y que también es una
relación humana especial, y que, sobre todo es una necesidad. Por
ejemplo, Aureliano tiene lastima de sí mismo, porque su vida tiene una
norma de repetición: vive entre el deseo y la abundancia, entre la
virtud y la hipocresía. Siempre se confunde con sobre su estado de
aburrimiento y utiliza a la tristeza como mecanismo para combatir a su
soledad y sentirse un poco más humano. En cambio su hermano gemelo no
reacciona de la misma forma y no hace nada para eliminar su soledad, ya
que es condenado a vivir apartado de los otros Buendías, no importa lo
que hace. Prácticamente es un desconocido en su propia familia y
siempre es confundido con su hermano, para mostrar la relación irónica
en la relación de los gemelos. García Márquez entierra un gemelo en la
sombra del otro.
Los tres pecados configuran una sola imagen:
el Mal, el destino infame que los Buendía tienen que cumplir.
Generación tras generación, tienen la esperanza de estar resistiéndose
y escapando al hado maligno que los persigue y termina por destruirlos
tras un decenio de persecución.
Macondo
Es un lugar ardiente, cenagoso, fuera del tiempo, arruinado y lleno de historias fantásticas.
Contar Macondo era una tarea imponente porque es un lugar
mitológico. Todo allí es posible: seres mas que centenarios, varones
que procrean gozosamente hasta la ancianidad, apariciones y diálogos
con espíritus, alfombra que vuelan, ascensiones en alma y cuerpo al
cielo, monstruosidades y destrucciones sobre-naturales.
Pero este mundo de realidades mágicas se ve afectado cuando entra el
mal en Macondo, las guerras civiles y la fiebre del banano solo traen
desgracias y muertes. Así, lo imaginario y lo real se enlazan con la
historia de Colombia y con los males que afecta a toda Latinoamérica.
Conclusión
Esta obra refleja la capacidad literaria de García Márquez,
quien en un solo pueblo y en tan solo cien años ha podido reflejar,
claro está de manera exagerada, los problemas de la humanidad a lo largo de su historia. Ya que el tiempo parece cíclico y el hombre sigue cometiendo lo mismos errores una y otra vez.
Bibliografía




  • Asedios a García Márquez, Editorial Universitaria, Chile 1971.
  • Estructura del texto artístico, Editorial Istmo, Madrid, 1978.
fuente:monografía.com

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MensajeTema: Re: Análisis   Vie 05 Sep 2008, 00:15

EXCELENTE MATERIAL DE GARCIA MARQUEZ Y SU OBRA CÉLEBRE "CIEN AÑOS DE SOLEDAD

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